Un equipo de investigadores ha informado de un caso muy poco común: un caso de un paciente que desarrolló la enfermedad de Creutzfeldt-Jakob (ECJ) casi 48 años después de haber recibido tratamiento con hormona de crecimiento humana procedente de cadáveres durante su infancia. La ECJ es una enfermedad priónica, causada por proteínas anómalas llamadas priones, que dañan el cerebro y provocan síntomas neurológicos graves, como pérdida de equilibrio, temblores, dificultad para hablar y, finalmente, deterioro cognitivo acelerado.
Cuando la enfermedad aparece como consecuencia de una intervención médica, es decir, transmitida mediante instrumental quirúrgico u otros procedimientos médicos en los que se introducen priones accidentalmente de un paciente a otro, se conoce como enfermedad iatrogénica. En este caso, la transmisión proviene de la inyección repetida de hormona de crecimiento para solucionar problemas de crecimiento. En Estados Unidos, unas 7.700 personas recibieron este tratamiento con hormona del crecimiento procedente de cadáveres (la hormona se extraía de glándulas pituitarias de personas fallecidas) entre los años 60 y 80, antes de que se descubriera el riesgo que conllevaba y se sustituyera por hormona sintética en 1985. Desde entonces, se han identificado 36 casos en Estados Unidos y 254 en todo el mundo relacionados con este tratamiento.
A modo de apunte final, conviene aclarar que hoy en día, la hormona de crecimiento utilizada en tratamientos es sintética y completamente segura, sin riesgo de transmisión de priones. Los avances en la purificación y producción han eliminado completamente este peligro desde hace más de 40 años.
Aquí puede acceder al artículo que describe este excepcional caso.

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